26-12-2011
EDITORIAL Jorge Majfud, Jacksonville University
La portada de CNN de hoy destaca un artículo titulado “Racism row: Does Suárez need educating?” donde citan y discuten si el futbolista uruguayo Luis Suárez necesita ser educado sobre racismo, luego de llamar “negrito” a un jugador francés. No menciona que el ofendido, Evra, había llamado “sudamericano” a Suárez. Lo cual, claro, es una palabra neutral –sacada de contexto.
El columnista citado, el británico Matthew Syed, encuentra “ridículo” que Suárez mencione que en la cultura de donde él viene el término “negrito” no tenga el mismo significado que en Inglaterra. Lo cual es cierto, aunque por otra parte no defiendo el uso de la palabra por parte del futbolista uruguayo, porque él debe saber que en la cultura donde vive y trabaja esa palabra carece de ambigüedades; es un insulto racista.
Pero la paradoja que me indigna va más allá del fútbol y se refiere al escándalo generado en el seno de una cultura política (es decir, de una práctica) diversamente racista, como lo es la británica, confirmada no solo por los siglos pasados sino por sus actuales reincidencias.
Cuando el columnista británico citado por CNN, Matthew Syed, dice “you have to obey the law and conventions of the place you are living in” (tienes que obedecer las leyes y las normas del lugar en el cual vives”, poniendo un ejemplo cursi sobre sus niños cuando viajan al exterior) me pregunto, cuando los ingleses y sus aliados ocupan y ordenan por la fuerza otros países y regiones periféricas, ¿“obedecen las leyes del lugar”? ¿No será que necesitan ser multados y educados por estos deslices que suelen costar miles de vidas que no se cuentan o se cuentan redondeando los números cuando no se trata de muertos verdaderos, es decir, de muertos civilizados?
América del Sur todavía necesita aprender mucho sobre cómo combatir el racismo. Pero que un británico (otro más, poco después que George Galloway declarase que Uruguay era “el país más racista del mundo”) nos venga a dar lecciones de cultura antirracista es de por sí un grave insulto a la memoria y a la inteligencia ajena.
Como alguien que conoce y ha vivido en ambos mundos, el latino y el anglosajón, me ofende. Como alguien que ha estudiado algo de historia y ha vivido atento a su propio tiempo, me indigna. Preferiría que me llamaran negro, como me han llamado alguna vez, antes que imbécil; antes de convencerme que soy una rata que merece una de sus higiénicas, flemáticas y salvadoras bombas en defensa de la civilización. Esos civilizados señores todopoderosos que cuando se equivocan dejando tendales de muertos ni siquiera piden perdón; por el contrario, se justifican.
Los hipócritas siempre están en los detalles. Los peores racistas, también. Por eso saben cómo amplificar escándalos para que, como una gran alfombra, cubran elegantemente toda la basura que hay en casa.
Los hipócritas están en los detalles
26/Dic/2011
La República, Jorge Majfud